
Día 1:
El chico se sentía triste, tenía muchos problemas, todo lo que anteriormente le había echo sonreir ahora le provocaba malestar y dolores en el pecho. Decidió no hacer nada ese día, y puso como excusa que un familiar suyo había sido hospitalizado.
Día 2:
Había pasado el día bastante bien, gracias a haber tenido un día agradable, pero al llegar a casa recibió la noticia, un familiar suyo había sido hospitalizado grave... su abuelo, aparentemente no era nada grave, se recuperaría, se sentía extraño... era porque el dia de antes había puesto esa excusa y creía que el destino le estaba dando un mensaje.
Día 3:
El chico estaba intranquilo, ya estaba algo mejor, pero entonces le dijeron si podía ir a ir a ver a su abuelo, el decía que no quería verlo en esas condiciones, que seguramente se recuperaría y entonces le vería bien, tubo esa oportunidad... como siempre... esas últimas oportunidades siempre le vienen en la forma que menos piensa... pero nunca se da cuenta.
Día 4:
El chico llegaba a casa tranquilo y con ganas de estar feliz, aún tenía en su cabeza la idea de la mierda de vida que estaba llevando últimamente, pensando que su sufrimiento jamás se acaba, que es feliz de vez en cuando pero la tristeza siempre llega, como de costumbre a su vida. Entonces el joven recibió la llamada, su abuelo había muerto. Eso le trastoco se sentía una mierda... no paraba de ver que todo lo que había pasado era cosa suya, cosa de su estupidez... le daría igual en el futuro que alguien le dijera que no es culpa suya, el ahora llevará esa carga toda su vida.

Día 5 y 6:
Llego el día del final, de todo, lo que siempre ha odiado el, que llegase el final, siempre pasa, siempre llega es un suceso incuestionable en la vida. Todo lo que una vez empieza, termina de una forma u otra aunque en los corazones jamás terminen las cosas. El joven no quería contar nada más, solo que cada vez la vida era mas dura según crece la gente, pero eso es otro tema. Finalizo todo, y al final, justo al final... sus ojos llegaron a derramar una lagrima, da igual lo débil que fuera esa lagrima o lo pequeña que fuera pero en ella llevaba una gran carga una lagrima llena de sufrimiento y vitalidad. En esa última lagrima al final del todo. Ahí en ese momento, todo acabo. Quedo zanjado el destino.
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